RELATOS

Ilustración por: 
Paula Kitaen  | @paulakitaen
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Paula Kitaen  | @paulakitaen

Arañas en el desierto

Por: Catalina Ruiz Navarro

Las mujeres somos arañas, explica Yazmín Romero Epiayú. En la cosmogonía wayuu las mujeres son las nietas de las arañas o Wale’kerÜ, porque la araña es la gran creadora de todos los tejidos, desde los diseños y patrones que aparecen en las artesanías de la región hasta el tejido social, la cultura: en todos los escenarios, “las mujeres hilamos, tejemos”. Yazmín es una lideresa indígena, fundadora del Movimiento Feminista de Niñas y Mujeres Wayuu, que busca el acceso a los derechos para las mujeres indígenas de la desértica península de La Guajira, territorio de la comunidad wayuu, uno de los grupos indígenas más grandes de Colombia. Dentro y fuera de su comunidad ha sido criticada y estigmatizada por ser feminista, porque supuestamente esto la aleja de su cultura, pero para ella la defensa de las mujeres es la protección de su comunidad, de los vínculos y redes que construyen gracias a ‘las arañas’. 

Yazmín llegó al feminismo haciéndose preguntas. “Empecé a cuestionar, a cuestionar muchas prácticas. Entonces me decían, no, es que tú eres muy desobediente. Me pegaban, me regañaban, me insultaban, me decían, eres deshonrosa para esta cultura porque no estás cumpliendo las reglas. ¡Me importan un carajo las reglas!” Estos cuestionamientos la llevaron a criticar tradiciones wayuu como la Pa’ünaa, una compensación que se paga a la familia de la mujer en los matrimonios. “El significado, en su esencia, es una compensación para que exista un lazo de unidad entre diferentes clanes o familias. Es la armonía entre familias. No es visto como un negocio, en principio”, dijo la lideresa en una entrevista con La Silla Vacía en 2020, explicando que en la práctica, también se ha usado para justificar matrimonios infantiles o forzados. 

Yazmín también lucha por el derecho de las mujeres y niñas wayuu a decidir sobre sus cuerpos, para que las mujeres en el territorio tengan acceso a abortos voluntarios y oportunos. Sin embargo, las barreras son muchas. Yazmín cuenta que una vez llegó a un centro de salud en Uribia y para entender a lo que se enfrentan las mujeres, hizo el ejercicio de decir que estaba embarazada (sin estarlo) y que quería acceder a un aborto. “No me habló de la ruta, o sea, no hizo el trabajo como tenía que ser. Lo que me dijo fue, ‘y tú, ¿de qué comunidad eres?’ Me empezó a preguntar: ‘¿ustedes tienen, como, un consentimiento?’, ‘¿cómo así que un consentimiento?’. Le dije: ‘Yo puedo practicar mi IVE libremente, lo dice la sentencia C-055. Tengo mi propia autonomía, decido por mi cuerpo’. Ahora, colócalo en el contexto de las mujeres rurales, que es más hostil, una mujer iletrada, ¿te imaginas cómo le violentan su derecho?”. 

La idea de que el derecho al aborto para las mujeres indígenas debe estar mediado por sus usos y costumbres y por la ley indígena es quizás una de las barreras más grandes que enfrentan. En 2022, la Corte Constitucional denegó la solicitud de aborto de una menor de 14 años que puso una tutela contra la (EPS) Asociación Indígena del Cauca, que le negó el servicio tras consultar con las autoridades tradicionales de su comunidad. En 2023, la Corte emitió un fallo similar en primera instancia, alegando la falta de permiso del Cabildo Indígena, y en segunda instancia revocó la decisión. Ambos fallos han sido anulados pero aún hace falta que la Corte se pronuncie con contundencia a favor del derecho a decidir de mujeres y niñas indígenas. Yazmín ha criticado la ambigüedad de la Corte, que parece querer quedar bien con las autoridades indígenas, que también son patriarcales. 

Pero así como el patriarcado está presente en las comunidades indígenas, también la fuerza y las luchas de las mujeres. “Nuestras grandes abuelas, cuando aplican la medicina o cuando son líderes, cuando son pioneras de cualquier tipo de conocimiento, es porque son feministas. Mi abuela se separó, confrontó la violencia que ella sufrió por parte de mi abuelo. Para mí eso era un símbolo importante, marca una posición el decir no más golpes, ella se paró con un palo gigante, no permitió que ese muro le alcanzara su cuerpo, lo confrontó, y ya para mí eso es ser feminista.” 

Para Yazmín el feminismo es una práctica diaria, que consiste en mejorar las vidas de las mujeres y las niñas en su comunidad, y esto implica derechos sobre su cuerpo y sobre su territorio. “Cuando hablamos de la tierra, hablamos de todos los derechos, en especial el derecho de nuestro cuerpo”. A pesar de su aridez, La Guajira es uno de los territorios más ricos del país, hace mucho que llegaron las grandes empresas, hoy multinacionales, a extraer carbón y ya empiezan a abundar los parques de energía eólica. Por supuesto, estas riquezas no se quedan en el territorio, en la profundidad de la península la gente se muere de hambre y de sed. Por eso, Yazmín ha denunciado constantemente el extractivismo en territorio wayuu: “Fomentan todo tipo de violencia: contra las plantas, contaminan nuestros ríos, nuestras aguas, nuestro medio ambiente, nuestras plantas medicinales, y cuando ya se contaminan todo esto, pues, es una forma de contaminar nuestros órganos y nuestro cuerpo. Nos enfermamos, hay malformación en los fetos en ciertas comunidades donde se explota carbón, y esto es derivado de la explotación de los recursos naturales.” Por eso, para Yazmín, estas luchas son inseparables: “Si no conocemos el derecho de nuestro cuerpo, no vamos a poder dimensionar el problema, el impacto, que se genera alrededor de todos los megaproyectos que generan también violencia”.

“Para salir de este atolladero en que estamos metidas, pienso que hay que formar a las mujeres, a las niñas y a los adolescentes.” Yazmín recurre al feminismo comunitario para hacerle frente a estas violencias. Un trabajo retador en un territorio difícil, con comunidades dispersas y dominadas por autoridades masculinas con quienes debe negociar constantemente, pero sobre todo, lleno de mujeres y niñas cuyas vidas son un poco mejores gracias a su trabajo. 

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“Muchas niñas se me acercan, y me dicen, 'yo quiero ser como tú', y yo les digo, 'no sean como yo, ¡sean más poderosas que yo!'”, pues el sueño de Yazmín es inspirar a nuevas generaciones a continuar con su trabajo, que sigan tejiendo las arañas. 

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